Según un informe de la UCA la pobreza saltó al 40,8% y afecta a 16 millones de personas

Por la agudización de la crisis, la pobreza superó los pronósticos más adversos. Ya es del 40,8% de la población urbana: son 16 millones de pobres. Si se incluye a la población rural, hay 18 millones de pobres. De esos totales el 8,9% o 3.6 millones son indigentes urbanos o más de 4 millones si se incluye al sector rural.

La pobreza e indigencia durante los últimos diez años
Los datos son del Observatorio de la Deuda Social, de la UCA (Universidad Católica Argentina) del tercer trimestre de este año y son los más altos de toda la serie que arranca en 2010. Corresponde a la “pobreza de ingresos” que surge de comparar los ingresos de los hogares con los valores de la canasta de indigencia y de pobreza.

Con relación a diciembre de 2015, cuando se ubicó en el 30%, la pobreza aumentó 10,8 puntos: son 4.500.000 de nuevos pobres urbanos. Con relación al tercer trimestre de 2017, momento en que la pobreza alcanzó el menor valor durante la gestión actual, “representa un incremento de alrededor de 7 puntos y de 12 puntos con respecto al mismo período de 2017”, dice el Estudio que reconoce que “hay una persistente pobreza estructural que golpea a 10 millones de personas”.

Por grupos de edad, con el 59,5%, sobresale la pobreza entre los menores de 17 años, reflejando “una persistente infantilización de la pobreza en la Argentina urbana”. Son más de 7 millones de chicos y adolescentes que viven en hogares con carencias básicas. Es un aumento de 13,4 puntos con relación al 46,1% de la medición de 2015. Por su parte, “más de 1,5 millones de niños/as y adolescentes viven en hogares indigentes”.

Por regiones, el conurbano sobresale con una pobreza del 51,1%.

El Informe dice que en 2019, más de 3 de cada 10 hogares percibe algún tipo de programa social, y que se incrementó respecto de 2018, pero igualmente crecieron la indigencia y la pobreza. “Si bien se considera necesaria la ampliación de las políticas de transferencia de ingresos y asistencia alimentaria directa, las mismas no resuelven los problemas estructurales”.

“Las reiteradas devaluaciones, el aumento de la inflación, el estancamiento, el aumento del desempleo y las medidas de ajustes acordadas con el FMI explican el deterioro”, dice el Informe de la UCA. Y agrega: “el deterioro del poder de compra tuvo lugar en particular en aquellos hogares pertenecientes a los estratos más bajos. A eso se sumó un mayor deterioro laboral por pérdida o deterioro de los empleos, así como la imposibilidad de compensar ese deterioro con trabajos alternativos. Esto explica tanto el aumento de la tasa de indigencia como el aumento en la brecha de pobreza. Todo ello tuvo efectos negativos en términos de desigualdad económica”.

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