El 8 de marzo pasado la marcha del Día de la Mujer se alzó más fuerte que nunca, y elevó las banderas del feminismo en pos de lograr una mayor visibilización de la desigualdad y la violencia que sufren las mujeres en todo el mundo. Las consignas fueron frenar el acoso callejero, mostrar la desigualdad salarial entre hombres y mujeres, y denunciar los múltiples casos de femicidio que se cobran la vida de decenas de mujeres en nuestro país, sumado este año la lucha por la despenalización del aborto.
El significado y la importancia de este movimiento implica que quienes asumen la representación y la expresión por la lucha por sus derechos, deben también asumir con seriedad toda acción que lleven a cabo en ese sentido.
Una conmemoración tan importante para mujeres de todo el mundo, donde se recuerda un hecho en el que murieron decenas de mujeres reclamando por sus derechos, no puede ser teñido de politiquería barata, menos aún de festejo cuando el motivo de dicha lucha es de reclamo, de exigencia de igualdad, de decir presentes ante una sociedad que en muchos aspectos desvaloriza a la mujer.
Lo lamentable es que una ocasión de esa índole haya sido usada para buscar sacar provecho político, haciendo marketing innecesario y casi vulgar, repartiendo tazas con la foto del actual senador Claudio Poggi, con el saludo de puño y letra del mismo.
Las imágenes hablan por sí solas.



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