Mientras el oficialismo provincial intenta sostener equilibrios internos y liderazgos históricos, en la política puntana una pregunta incomoda: ¿el intendente villamercedino Maximiliano Frontera, juega?, y a qué juega?
Frontera es hoy uno de los dirigentes con cierta proyección dentro del escenario provincial, aunque alrededor suyo empiezan las lecturas políticas, las especulaciones y también las resistencias silenciosas. En voz baja, algunos hablan de “contención”; otros, directamente, de un intento por evitar que su crecimiento altere el delicado reparto de poder.
En ese clima, el nombre de Frontera, que jugó con el oficialismo, también quiere jugar fuerte, y su nombre, para algunos, suenan en la discusión del recambio generacional y del armado rumbo al 2027. No porque esté confirmado que vaya a jugar con tapones de punta precisamente, sino porque dentro y fuera del oficialismo muchos observan que Villa Mercedes volvió a convertirse en un actor político imposible de ignorar.
La sensación que empieza a instalarse es simple: cuando un dirigente comienza a crecer demasiado, en política algunos lo impulsan… y otros prefieren dejarlo calentando en el banco.

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